En los últimos años, la construcción de vivienda de obra nueva tiende hacia un modelo saludable, eficiente y alineado con los principios de sostenibilidad. Sin embargo, existe un enemigo silencioso que puede comprometer esa salubridad si no se aborda correctamente desde el diseño: el gas radón. El Código Técnico de la Edificación amplió hace unos años el Documento Básico de Salubridad a través de la nueva sección HS6: protección frente a la exposición al radón, donde establece normas básicas para la protección contra los peligros derivados de la exposición al gas radón. En proyectos de obra nueva, especialmente en zonas con incidencia geológica del gas, es imprescindible contemplar medidas preventivas para garantizar un entorno interior libre de contaminantes.
¿Qué es el radón y por qué es un riesgo en viviendas eficientes?
El radón es un gas radioactivo de origen natural que se filtra desde el subsuelo y puede acumularse en espacios cerrados, como viviendas. Su inhalación continuada se asocia a un mayor riesgo de cáncer de pulmón, lo que ha llevado a la OMS y a la Unión Europea a establecer límites recomendados de exposición. El gas radón se diluye rápidamente en el aire cuando llega al ambiente exterior.
En una casa nueva, sea pasiva o cumpla estrictamente los preceptos del Código Técnico, cuyo diseño se basa en una mayor hermeticidad al aire para evitar pérdidas energéticas, el riesgo de acumulación de radón puede ser mayor si no se implementan barreras adecuadas o sistemas de renovación de aire eficaces. Por eso, es vital que cualquier proyecto de obra nueva contemple soluciones técnicas específicas desde el inicio.
Medidas constructivas para prevenir el radón
En España, el Código Técnico delimita las zonas con mayor concentración del gas: se trata de los Municipios en zona 1 o 2. Si una vivienda se encuentra en un municipio con una concentración significativa de radón (zona 2), lo cual es el caso para la Sierra de Madrid y Segovia, por ejemplo, el proyecto debe incorporar alguna o varias de las siguientes soluciones:
- Lámina antiradón: se coloca bajo la losa de cimentación para evitar que el gas ascienda al interior de la vivienda.
- Ventilación del terreno: mediante tubos drenantes o cámaras ventiladas que extraen el gas antes de que entre en contacto con la estructura.
- Hermeticidad y sellado de juntas: reforzar los encuentros entre elementos constructivos para evitar infiltraciones no deseadas.
- Ventilación mecánica controlada (VMC): una solución activa que asegura la renovación continua del aire interior, muy utilizada en construcciones Passivhaus.
El papel del diseño bioclimático
Además de las soluciones constructivas, un diseño de arquitectura bioclimática puede reforzar la prevención frente al radón. Por ejemplo, la disposición de los espacios en altura, la correcta ventilación cruzada y la ubicación estratégica de los accesos pueden reducir la acumulación del gas en zonas habitadas.
En Latitud 40, estos aspectos se integran desde la fase de proyecto. Cada casa pasiva de obra nueva se diseña no solo para alcanzar un alto rendimiento energético, sino también para proteger la salud de quienes la habitan. El control del radón es un elemento más dentro de una visión holística de la sostenibilidad habitacional.
Recomendaciones prácticas para autopromotores
Si estás iniciando un proyecto de obra nueva y buscas construir una casa pasiva, te recomendamos:
- Elegir un equipo con experiencia en arquitectura saludable y sistemas Passivhaus.
- Priorizar soluciones activas como la ventilación mecánica controlada, especialmente si vives en zonas de riesgo medio o alto.
La prevención del radón no solo es una cuestión normativa, sino una inversión en bienestar a largo plazo.